para sobrevivir esta profesión sin perder la cordura

L A H I S T O R I A D E M A R I A N A
Son las 11:47 de la noche de un día 16. Mariana tiene la laptop
abierta, tres pestañas del portal del SAT, un café que ya se
enfrió dos veces y un WhatsApp de un cliente que dice «ahorita
te mando lo que falta, solo dame chance». Mariana sabe, en el
fondo, que ese «ahorita» puede significar mañana, puede
significar el día 19, puede significar nunca. Pero respira, sonríe
cansada y se dice a sí misma: «no pasa nada, lo cierro mañana
temprano sin problema».
Eso, queridos contadores, es una mentira. Una de las cinco
grandes mentiras que nos contamos para sobrevivir esta
profesión sin perder la cordura.
No las digo con burla. Las digo con cariño, porque yo también
me las he dicho. Veinte y tantos años acompañando despachos
y contadores me han enseñado que estas mentiras no son fallas
de carácter: son mecanismos de defensa. El problema no es
decírnoslas una vez. El problema es vivir instalados en ellas.
Vamos una por una.
P R I M E R A M E N T I R A
Mañana lo organizo
El clásico de clásicos. La carpeta de comprobantes pendientes, el Excel
de conciliaciones a medias, el cliente que debe información del trimestre
pasado. Todo se va acumulando bajo la promesa silenciosa de que
mañana —ese mañana mítico, generoso, con más horas que hoy— por fin
nos vamos a poner al corriente.
Mañana nunca llega organizado. Llega con sus propios pendientes.

S E G U N D A M E N T I R A
Yo controlo todo en mi cabeza
Esta es peligrosa porque casi siempre es cierta… hasta que deja de
serlo. Conocemos contadores que llevan quince clientes y juran que
tienen cada fecha, cada régimen, cada peculiaridad fiscal
perfectamente mapeada mentalmente. Funciona, hasta el día que no
funciona: una fecha límite que se cruza con otra, un cliente que cambió
de régimen y nadie lo registró en ningún lado más que en la memoria
de alguien que ese día amaneció con migraña.
La memoria es una herramienta extraordinaria. No es un sistema de
control.

T E R C E R A M E N T I R A
La tecnología nueva no es para mí
Esta mentira tiene una prima hermana: «cuando de verdad sea
necesario, le entro». El problema es que el «de verdad necesario» llega
disfrazado de crisis: un cambio del SAT que vuelve obsoleto el proceso
manual de toda la vida, un cliente que se va con el despacho que sí
automatizó, un volumen de trabajo que ya no cabe en la lógica de
antes.
No hace falta convertirse en experto en inteligencia artificial. Pero sí hace
falta dejar de tratarla como un tema ajeno.

C U A R T A M E N T I R A
Si digo que no puedo con más
clientes, parezco poco
profesional
Esta es de las más dolorosas, porque toca el orgullo del oficio. Decir
que no, poner un límite, cobrar lo que el trabajo realmente vale: todo
eso se siente, equivocadamente, como una falta de compromiso. Y
entonces seguimos aceptando, seguimos estirando las noches,
seguimos cargando con clientes que pagan poco y piden mucho,
porque tememos que decir «no puedo» sea sinónimo de «no sirvo».
Profesional no es el que dice sí a todo. Es el que sabe lo que puede
sostener con calidad.

Q U I N T A M E N T I R A
Esto es temporal, en cuanto pase
el cierre descanso
El cierre pasa. Llega la declaración anual. Pasa la declaración anual.
Llega la nómina. Pasa la nómina. Llega el siguiente cierre. El descanso
prometido se va corriendo, mes tras mes, como una meta que
retrocede exactamente al mismo ritmo en que avanzamos hacia ella.
Esta mentira es la más generosa de todas, porque nos sostiene en los
momentos difíciles. Pero también es la más cara, porque si no la
enfrentamos a tiempo, se cobra en salud, en relaciones, en la calidad de
vida que se supone que este trabajo debería ayudarnos a construir

L A M I R A D A D E J A V I E R
¿Cuál es tu mentira?
Aquí no vengo a decirte que dejes de mentirte de golpe, porque sería una promesa tan falsa como
las que acabo de describir. Vengo a decirte algo más sencillo: identifica cuál de estas cinco es la
tuya. La que más repites. La que ya se volvió costumbre.
Porque ahí, exactamente ahí, suele estar el primer cambio real que tu despacho necesita. No es un
sistema nuevo, no es una capacitación más, no es otro curso de «transformación digital». A veces
el cambio empieza reconociendo la mentira específica que nos hemos estado contando para no
enfrentar lo que de verdad hay que resolver.
El Acordeón de Javier
Cinco preguntas para hacerte antes de dormir, una por noche:
¿Qué llevo posponiendo más de dos semanas con el «mañana lo organizo»?
¿Tengo algo importante que vive solo en mi memoria y en ningún otro lugar?
¿Hay una herramienta que llevo evitando aprender solo por comodidad?
¿Hay un cliente o una carga de trabajo que acepté por miedo a decir que no?
¿Cuándo fue la última vez que descansé sin la condición de «cuando termine esto»?
No es consejo fiscal. Es sentido común contable.
«Las mentiras que nos contamos no nos hacen malos profesionales. Nos
hacen humanos haciendo un trabajo exigente con las herramientas que
tienen a la mano, incluyendo las herramientas emocionales.»
Pero hay una diferencia entre usar una mentira para sobrevivir una noche difícil y construir
una carrera entera sobre cinco mentiras repetidas cada mes, cada cierre, cada año. El primer
paso no es resolverlo todo. Es nombrarlo.
Queridos contadores…
Te cuento otras cosas aparte de cuentas… en una siguiente
ocasión.

Javier Zepeda
C O N S E J E R O E M P R E S A R I A L

En mi experiencia, el mayor reto no siempre es la organización, sino trabajar con clientes que entregan información tarde o creen que, por pagar una mensualidad, el contador también debe ser su asistente personal, esto solo genera más ansiedad, más presión y más posibilidades de cometer errores.
Con el tiempo he aprendido a poner límites y a dejar ir a los clientes que no valoran nuestro trabajo. Nuestra responsabilidad es hacerlo bien y con calidad; la del cliente es proporcionar la información en tiempo y forma.
También creo que hoy es indispensable aprovechar herramientas y sistemas que hagan nuestro trabajo más rápido, eficiente y ordenado. La tecnología no sustituye al contador, pero sí nos permite dedicar más tiempo a aportar valor y menos a tareas repetitivas.
Al final, un buen despacho no solo se construye con esfuerzo, sino también con procesos, tecnología y clientes comprometidos.
MUY CIERTO TODO LO QUE COMENTAS
Muy cierto en todo. Creo que verlo así, desde fuera ni pareciera que somos nosotros mismos engañándonos o consolándonos con que así es éste trabajo. Yo ahorita deje de ejercer porque estoy cansada y me quiero jubilar, pero pienso que si quiero volver a entrarle a la contabilidad deberá ser desde otra perspectiva, pues no puede ser con las misma mentalidad de antes, o me subo al barco de la tecnología o mejor no le entro. Gracias por su visión, a veces he sentido que en las empresas únicamente nos ven como dicen ellos un “mal necesario”. Solo otro contador sabe lo que realmente enfrentamos día a día en nuestra carrera.